16.9.08

POR UNA ESCUELA PÚBLICA CON VALORES CONSTITUCIONALES EN MADRID


Se ha iniciado el curso escolar en la Comunidad de Madrid y a problemas que vienen de lejos (falta de escuelas infantiles, incumplimiento de las ratios de alumnos por aula, aulas barracones, segregación de alumnos con necesidades especiales, escasa financiación, etc) tenemos que añadir la descarada estrategia del Gobierno de Esperanza Aguirre para intentar que no se imparta la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.

Que la Consejería de la Comunidad de Madrid expida Ordenes para fomentar la “objeción de conciencia” a una asignatura aprobada por el Parlamento español en una ley orgánica es todo un escándalo y la muestra más clara y palpable de una deslealtad institucional que va contra los principios más básicos de nuestro Estado constitucional. Sin embargo, parece que en el PP cuando son ellos los que se comportan como “insumisos a la ley” no pasa nada, y mientras tanto intentan dar lecciones de respeto a la Constitución a otros. Practican sin rubor el dicho popular “haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga”.

Pero que además lo hagan contra una asignatura que lo que pretende es formal a nuestros jóvenes en los valores y principios propios de una sociedad democrática donde la tolerancia, la defensa de la libertad y la igualdad y el desarrollo de la solidaridad son los referentes que guían una organización que se construye para que la persona humana pueda desplegar toda su dignidad, parece más que un escándalo un problema de ubicación en nuestra democracia. ¿O es que algunos no se han enterado aún que las formas políticas, como todo en esta vida, necesita de cuidados, pedagogía y comprensión? O, peor aún, ¿no será que algunos con la excusa de la defensa de la libertad lo que pretenden es mantener una atalaya de privilegio para desde allí seguir impartiendo sus doctrinas sectarias y enajenadoras? Mientras se comportan así la Sra. Aguirre habla de que hay que evitar el “relativismo de valores” al que nos lleva el Gobierno socialista. ¡Señora Presidenta los valores de una sociedad democrática están establecidos en la Constitución y es bueno que los difundamos y cumplamos todos!

Sea como sea, lo cierto es que la derecha política y social de Madrid ha reaccionado sin contemplaciones ante los mandatos de una Ley; es decir, contra la voluntad de la soberanía popular, para de esta forma defender su modelo educativo y su forma de entender no ya sólo la organización la enseñanza sino los contenidos que se deben incorporar en ella. Para ellos, formar en la Constitución y los valores democráticos no sólo no es una prioridad sino que entienden que va contra la libertad de las personas ¡nada más y nada menos!

Esta forma de entender la escuela y lo que se imparte en ella por parte de la derecha madrileña tendría que hacernos reflexionar a los hombres y mujeres de izquierda a la hora de presentar nuestro proyecto ante la sociedad. No olvidar que la escuela además de calidad debe ofrecerse en equidad. En el debate sobre escuela pública escuela privada concertada no sólo está en juego si el centro concertado está al alcance de todos los padres que han de escolarizar a sus hijos, que deberían, puesto que imparten enseñanza obligatoria y por ello cobran del erario público. Lo verdaderamente importante es que la escuela pública garantiza mejor la profesionalidad de los docentes, que están seleccionados con criterios de mérito y capacidad más objetivos y, lo que es fundamental, la escuela pública no tiene más “ideario del centro” que los principios de una sociedad democrática y los contenidos educativos que se formulan en los planes de estudios. Y da la casualidad que la inmensa mayoría de los centros privados, muchos concertados, tienen un ideario de carácter religioso y marcado contenido conservador que, evidentemente, se proyecta en las actividades del centro. Desde luego que este tipo de escuela es constitucional, la reconoce el artículo 27.6 de la CE, pero desde opciones políticas progresistas y trayectoria ilustrada es más que una confusión un grave error, o incurrir en ignorancia, no darse cuenta que para nada es equiparable un modelo de escuela privada a la escuela pública.

1.9.08

REFLEXIONES ANTE EL XI CONGRESO DEL PSM


Llevo muchos años afiliado al PSOE y militando en el PSM. Nunca he participado de “familias” o “camarillas”, pero procuro estar atento a la organización y funcionamiento de mi partido, puesto que creo que es una pieza fundamental de la sociedad española para hacer efectivos valores que nos unen a muchos: vivir en una sociedad donde desde el respeto a la libertad se luche por la consecución de mayores cotas de igualdad y solidaridad.


Hace catorce meses acepte con entusiasmo la llamada de Tomás Gómez para participar de su Ejecutiva en el convencimiento de que podíamos iniciar una nueva etapa en el socialismo madrileño que, sin despreciar lo bueno de tiempos anteriores, produjese el revulsivo que la sociedad nos estaba reclamando. Transcurrido este tiempo tengo que decir que desde mi punto de vista no ha sido así.


Durante estos catorce meses han sucedido muchas cosas en la política madrileña: los Gobiernos de Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón se han visto envueltos en graves casos de corrupción que han escandalizado a la sociedad; el proceso de privatización de la sanidad pública se ha extendido tanto que incluso ha llegado a centro sanitarios de municipios gobernados por compañeros socialistas; la educación está en los niveles más bajos, con centros públicos escasamente financiados, aulas en barracones, incumpliendo los decretos que establecen las ratios de alumnos por aula, escasísimas escuelas infantiles y presiones a las Asociaciones de Padres de Alumnos que denuncian la situación de la escuela y defienden la enseñanza pública.


Todo ello, sin olvidar la situación de debilidad de nuestra economía sustentada por el ladrillo especulador y los pelotazos urbanísticos; el descontrol medioambiental, que está haciendo de Madrid una de las ciudades más contaminadas de Europa; las agresiones a nuestros parques naturales o, para no extenderme más, el empobrecimiento democrático con estrategias de manipulación informativa que se parecen mucho a las técnicas Goebberianas.


Ante todos estos acontecimientos ¿dónde hemos estado los socialistas madrileños? No conozco ningún caso donde se nos haya visto liderando la oposición en algunos de estos temas, ¡y no ha sido por falta de ganas de muchos! En el mejor de los casos nos hemos sumados a alguno de ellos y, en no pocos supuestos, tan sólo bajo la tutela de instancias superiores. En otros, hemos llegado a ellos arrastras, que más parecía que teníamos algo que ocultar. Por supuesto, en las reuniones de los órganos de dirección nunca se habló de política y muchos de los que allí nos sentábamos nos enterábamos de la posición política del partido por la prensa.

El problema es que nos ha faltado un proyecto y una definición clara de nuestro modelo en muchas de las políticas públicas que se hacen en Madrid. Que no tenemos una estrategia bien definida para desarrollar un buen trabajo de oposición a un Gobierno de la derecha fuerte y sin complejos y, ¡digámoslo todo! Tampoco nos sobran equipos con capacidad y liderazgo en la calle y los medios de comunicación.


Recomponer y corregir todos estos problemas, visualizados en estos catorce meses, es lo que debería hacer el XI Congreso del PSM. Algunos nos hemos puesto al frente de ese debate desde la convicción de que es una responsabilidad democrática con nuestro partido y la sociedad madrileña. Otros quieren pasar de puntillas sobre los problemas y que el Congreso se celebre sin debate de ningún tipo, y su único argumento es que se han acabado las familias, ¡que está bien! Pero se dedican todos los días a poner nombres a los miembros de su Ejecutiva cuando ni tan siquiera son candidatos ni conocemos los términos del proyecto político a ejecutar.


El próximo fin de semana los socialistas madrileños no debemos desaprovechar la oportunidad que la democracia interna nos ofrece para que con libertad digamos cuanto creamos que puede mejorar nuestra posición política y, por supuesto, no debemos dejarnos intimidar por los que intentan imponer la mordaza con el argumento de la ética de la responsabilidad.


Si somos capaces de hacer un debate limpio, sincero y democrático seguro que saldremos más unidos y con un proyecto claro, una estrategia definida y un líder y un equipo potente capaz de ganar el 2011. ¡Qué así sea!