25.8.10

Primarias en el PSM


Se inicia un nuevo curso político y los socialistas nos aprestamos a dar un ejemplo de fortalecimiento y democratización de los partidos políticos.

El asunto de las primarias del PSM, que como 'serpiente de verano', ha recorrido las páginas de toda la prensa durante estos días estivales, puede ser un primer paso en uno de los debates pendientes en nuestra joven democracia: la democracia interna de los partidos políticos.



La Constitución española de 1978 regula los partidos políticos en el Título Preliminar, en el mismo sitio donde se define el modelo de Estado, la forma de Gobierno, la organización territorial o los principios del ordenamiento jurídico.



En una democracia representativa los partidos políticos son esenciales. Hasta tal punto es así, que me atrevo a decir que si desapareciesen, irremediablemente surgirían organizaciones, quizás con otro nombre, que cumplirían su función. Porque como dice el artículo 6 de la Constitución “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”.



La sociedad es plural y la estructura representativa de un Estado democrático necesita instrumentos para trasladar la 'foto del pluralismo social' a los órganos que han de tomar las decisiones que competen a todos. Por eso, los partidos políticos son esenciales, porque sirven para dar racionalidad al pluralismo social, porque transmiten esa diversidad de opiniones a las instituciones y, no menos importante, porque desde las instituciones envían a los ciudadanos decisiones y acciones políticas que ordenan la vida en común.



Esa importancia transcendental de los partidos políticos es razón más que suficiente para que su organización y funcionamiento se cuiden al detalle. Quien ha de cumplir tan importante función debe dar ejemplo con sus actos, debe evitar predicar una cosa para la vida pública y hacer lo contrario en su funcionamiento interno. El Constituyente era consciente de esto y por eso, en el mismo artículo 6 dijo que “su estructura interna y funcionamiento –el de los partidos políticos- deberán ser democráticos”.



Sin embargo, lo cierto es que en estos años algunos nos hemos esforzados para mejorar la democracia interna de los partidos. En el PSOE las primarias para elegir a sus candidatos y líderes no son nuevas. Otros han optado por predicar democracia pero seguir la práctica digital del 'Jefe' para realizar sus recambios de cuadros y elección de candidatos.



En las próximas semanas los socialistas madrileños vamos a dar otro ejemplo de cómo la democracia no sólo hay que predicarla sino que también hay que practicarla en la organización partidaria. Trinidad Jiménez, Tomás Gómez y Jaime Lissavetzky van a reclamar el apoyo de los militantes para ser, los dos primeros, candidatos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, y el segundo, candidato a la Alcaldía de Madrid capital. Los tres enfrentarán ese reto con un mismo programa, el de los socialistas madrileños, con perfiles personales, humanos y políticos distintos que los militantes tendrán que valorar para decidir quienes son los mejores para enfrentarse al PP madrileño.



Frente a aquellos partidos que van a elegir a sus candidatos a dedo o, en el mejor de los casos, en órganos controlados por el poder del partido, los socialistas madrileños, todos y cada uno de los militantes, vamos a decidir y lo vamos a hacer en libertad (voto personal y secreto) y públicamente. ¿Hay algo más precioso en democracia?. Espero que no lo desaprovechemos y los ciudadanos entiendan la generosidad de una organización , el PSOE, que como siempre en la historia política de España, se apresta a ser punta de lanza en el fortalecimiento de nuestra democracia.

21.7.10

La política necesita vacaciones




Definitivamente, la política española necesita unas vacaciones. Aquéllos que asocian ese período de tiempo estival con algo parecido a un premio por el trabajo realizado durante el año, pensarán que muchos políticos no se han merecido dicha recompensa. En términos generales, creo que no es así, en la política también hay quién trabaja duro. Sin embargo, las vacaciones a las que me refiero son de otro tipo: es un tiempo para pararse, para pensar, para meditar, para observar con detenimiento los acontecimientos y poder adoptar desde la reflexión y el análisis sosegado las decisiones políticas.


Es cierto que la política, casi por definición, actúa sometida al principio de la inmediatez. Se dice de un Expresidentes del Gobierno que, cuando un colaborador suyo le interrogaba sobre para cuándo tenía que tener lo que le había pedido, le respondía: “...para antes de ayer”. Pero lo que caracteriza al ser racional y, por extensión, a las instituciones que actúan con pautas propias de los sujetos que las conforman, es que necesita analizar las situaciones, entender los acontecimientos, elaborar propuestas de respuesta y, una vez ensayadas, ponerlas en práctica. Todo ello, irremediablemente necesita tiempo, claridad y un cierto sosiego.


Sin embargo, los acontecimientos políticos más importantes que están en la escena nacional y, quizás, también en la internacional, requieren respuestas inmediatas, instantáneas. Parece como si detrás de todos esos acontecimientos, que demandan respuesta al segundo, se ocultara una “mano negra conspiradora” que pretende que todos nos volvamos locos haciendo un día una cosa y al otro la contraria. Da la impresión como si algunos se hubieran conjurado para que el estrés, la tensión y la improvisación actúen como armas de destrucción de la capacidad para ver, analizar, entender y responder, que es lo que caracteriza a los seres humanos.


Cuando nos sentimos de esa forma, es cuando resultan imprescindibles unas vacaciones. Se necesita parar. Desactivar por unos días y tomar oxígeno, para después volver con la cabeza ordenada y las ideas aclaradas.


Si vemos cómo se comportan algunos en los últimos tiempos, cuestionando las instituciones, ninguneando los poderes del Estado y diciendo una cosa y la contraria, parece bastante claro que hay que recomendarles vacaciones. Seguro que los ciudadanos lo van a entender bien, y puede que hasta premien a aquellos que tras el descanso vacacional recobren el sentido y el equilibrio. Si por el contrario, seguimos en las mismas: “erre que erre” en los despropósitos, muchos tendrán vacaciones…definitivas, cuando esos mismo ciudadanos les manden a su casa.