15.12.09

Sí a la reforma de la Ley 15/1997


La semana pasada estuvimos de enhorabuena la mayoría de los socialistas madrileños. Pudimos disfrutar del primer paso para poner coto a uno de los dos atentados más grandes que en nuestra Comunidad se está dando al Estado Social, que tan costosamente construimos en las décadas de los 80 y 90: nuestro servicio público sanitario.




El artículo 43 de la Constitución establece que los poderes públicos organizarán y tutelarán la salud pública a través de medidas preventivas y la prestación de los servicios necesarios. Algunos piensan que este artículo queda cumplimentado siempre que exista un sistema sanitario con financiación pública, aunque esté gestionado por empresas privadas.




Sin embargo, los socialistas siempre hemos pensado que lo que el artículo 43 de la Constitución establece es que además de la financiación del servicio se requiere que su provisión, es decir la gestión, sea fundamentalmente pública. Y aquí está el mal de lo que está sucediendo en Madrid. Doña Esperanza Aguirre está llevando tan lejos su afán privatizador de la sanidad que muy pronto no estará garantizado el mandato constitucional: que la provisión del servicio sanitario sea fundamentalmente público.




Soy consciente que el argumento anterior es meramente técnico, que lo que interesa al usuario al analizar uno u otro sistema son los efectos en la calidad de la sanidad que se presta y los coste que el servicio conlleva a las arcas públicas. Pues bien, aquí también, frente a lo que machaconamente dice la presidenta, los resultados son significativos.




El aumento de hospitales de gestión privada como el de Parla y de concesión administrativa como el de Valdemoro absorbe una cantidad tan grande de dinero que se transfiere a las empresas que no le queda más remedio a la Comunidad que reducir recursos humanos y materiales en los hospitales públicos tradicionales (Ramón y Cajal, La Paz, 12 de Octubre, Gregorio Marañón y Móstoles) sin que ello suponga un aumento de camas, de reducción de listas de espera o de más y mejores especialidades. Además, es un modelo que no garantiza la eficiencia en la gestión de los recursos públicos, muy al contrario, los resultados que tenemos de lo que hasta ahora se ha hecho demuestra que el pago del canon que la Comunidad de Madrid tendrá que hacer a las empresas privadas que tienen la concesión o han realizado los centros va a salir a las arcas públicas tres o cuatro veces más caro que si se hubieran construido y gestionado públicamente.




Por ello, los socialistas creemos que la privatización de la sanidad pública no es la solución. Que la mejora del servicio sanitario y su sostenibilidad pasa por una financiación suficiente y una gestión eficiente. La financiación suficiente debe encuadrarse en el contexto de una fiscalidad progresiva y una priorización de la sanidad en el marco presupuestario. La gestión eficiente exige abordar en profundidad reformas en la estructura, organización y funcionamiento de los centros asistenciales; ello debe hacerse con la necesaria complicidad de los profesionales fomentando su real participación en la organización de sus actividades y su colaboración con la gestión de los centros.




Por todo lo anterior, muchos socialistas de Madrid estamos contentos porque se haya aprobado la toma en consideración de la reforma de la Ley 15/1997. Ahora toca que todos estemos a la altura de nuestros principios y trabajemos por una reforma de dicha norma que garantice que no pueda seguir desmantelándose un pilar básico del Estado Social: la sanidad pública de calidad. Los ciudadanos nos premiarán o castigarán por lo que hagamos en 2011.

10.12.09

Grito por la Universidad


El viernes pasado, en una reunión de universitarios de Madrid con el director general de Relaciones Internacionales, José Manuel Martínez Sierra, tuve la oportunidad de conocer cómo se está implementando el proceso de creación del Espacio Europeo de Enseñanza Superior en las universidades madrileñas (el llamado Plan Bolonia). Y la verdad, ya les puedo adelantar que, no sólo por lo que nos transmitió el director general, sino también por lo que expresaron algunos de los responsables de los centros universitarios que participaron en la reunión, la situación es más que preocupante.




Aunque no han faltado los críticos a Plan Bolonia, unos desde el desconocimiento de lo que supone y otros por apuntarse a conspiraciones estrambóticas de manipulación y control internacional, lo cierto es que la Convergencia Europea en Enseñanza Superior es una de las apuestas educativas y de integración en Europa más importantes que, quizás, haya hecho nunca la Unión Europea.




La igualdad de oportunidades en la formación y el acceso al trabajo será mucho más fácil con un sistema universitario que permita la movilidad de los estudiantes, los docentes y los investigadores. Pero para que esta movilidad se produzca no basta con superar la barrera idiomática; se requiere un complejo proceso de convergencia en la estructura de la enseñanza superior que se imparte en toda Europa. Para ello, se han reformado en España los planes de estudio y se han creado los grados y posgrados que suponen adaptarse al modelo de títulos europeos. Se han puesto en marcha agencias y organismos capaces de evaluar con criterios similares al resto de los países la calidad de los estudios y se ha establecido un nuevo sistema de trabajo en las aulas con nuevas técnicas docentes y valoración del trabajo de los alumnos.




Como decía, la Convergencia Europea en Enseñanza Superior es un gran y apasionante reto para la universidad española que, todo hay que decirlo, aunque había progresado mucho en los últimos treinta años, no está precisamente en el mejor puesto del ranking mundial.




Si apasionante es el reto en España, no menos importante lo es en Madrid. La Comunidad de Madrid tiene trece universidades (seis públicas y siete privadas) y como se ha dicho tantas veces, y tan poca atención se presta desde las instituciones, esas universidades son uno de los valores añadidos más notables de nuestra Comunidad.




La política universitaria es competencia exclusiva de la Comunidad de Madrid. Las universidades gozan de autonomía para su gestión en el marco de esa política. Por eso, dejando claro lo anterior, tengo que recordar una vez más, pero quizás en un momento más desesperado por los cambios que se están produciendo, que la financiación es una cuestión prioritaria que debe afrontar esa política universitaria.




Los rectores y la comunidad universitaria madrileña llevan mucho tiempo diciendo que implantar Bolonia no se puede hacer a coste cero. Ahora que estamos a un año de su culminación muchos de esos rectores se están dando cuenta que efectivamente no se va a hacer a coste cero, se hará con fuertes recortes en su presupuesto. Como muestra un botón: los presupuestos de la Comunidad de Madrid para el 2010 reducen la inversión en universidades casi un 4 por ciento. Para algunos centros, y he tenido oportunidad de saberlo directamente de algunos decanos, esos recortes llegarán hasta el 40 por ciento.




¿Alguien cree que, salvo voluntarismo de la comunidad universitaria o un milagro, se puede llevar a buen término la convergencia europea en estas condiciones? Sinceramente yo creo que no. Y puesto que la cuestión es de una importancia capital para Madrid y el futuro de nuestra universidad, con estas palabras quiero mostrar mi denuncia a la desidia y abandono que la Comunidad está sometiendo a las universidades. También, para decirlo todo, tengo que mostrar el diferente comportamiento que está realizando el Ministerio de Educación en este tema, en muchos casos sobrepasando sus competencias.




Dos ejemplos: los Presupuestos Generales del Estado para el 2010 incluyen un importante aumento en política universitaria, más del 8 por ciento respeto al 2009, y con ello se van a seguir aumentando las becas; por ejemplo, las becas préstamos-renta que tan importantes son para los estudiantes que quieren salir a otros países a completar su formación (en Madrid este aumento de las becas supondrá 160 millones más que el 2009). También se ha puesto en marcha el proyecto de Campus de Excelencia Internacional que incentivara la calidad y la modernización de las universidades (150 millones de euros más).




El Ministerio está haciendo todo lo que puede para que la convergencia europea no naufrague, las universidades y los rectores también, hasta el punto de reclamar que les dejen pedir préstamos a los bancos para financiar sus necesidades, ahora bien, la pregunta es ¿Qué está haciendo la Comunidad de Madrid, que es quien tiene las competencias en materia universitaria y quien más interesada debería estar en que un sector estratégico para el desarrollo económico de nuestra Comunidad supere esta situación? Me temo que nada. ¡Desgraciadamente!