11.6.08

ECONOMÍA PARA TIEMPOS DE CRISIS

“¡Es la economía, estúpido!” Estamos inmersos en un tiempo político sustancialmente distinto al de la Legislatura pasada. El Partido Popular se ha percatado de que el catastrofismo sobre las esencias de nuestra identidad como nación ha llegado a su fin, y de que el terrorismo, por más que pueda sembrar nuevos días de luto, está acabado. Por su parte, los nacionalistas periféricos, ante la ausencia del integrismo pepero, tampoco se encuentran en su mejor momento, y tanto en Euskadi como en Cataluña tienen que preocuparse más por los problemas cotidianos de la gente que por flamear banderas y llamar a la resistencia contra en centralismo español.
Pero esos cambios no suponen comodidad para el Gobierno. Muy al contrario. Ahora es cuando las cosas se ponen realmente difíciles. Los adversarios de pose y artificio han fracasado, pero el gran adversario está empezando a enseñar sus fauces con toda crudeza. “¡Es la economía, estúpido!” Hemos cerrado un ciclo de expansión económica y la curva descendente ha aparecido casi sin darnos cuenta, cuando todos estábamos confiados por la situación de bonanza y estirábamos más nuestras posibilidades y las que nos ofrecían los bancos para mejorar nuestra calidad de vida y no tener que privarnos de nada. Ahora que tantos, confiados, habíamos contratado esas hipotecas a treinta o cuarenta años a un interés supuestamente casi insignificante, aparece la crisis, la inflación y la necesidad, según el Señor Trichet, de que los tipos altos sean un elemento más para moderar la tan temida subida de la inflación.
Tengo que confesarles que yo de economía no se ni jota. En estos asuntos siempre me he guiado por “la cuenta de la vieja”, por el criterio de un hombre de pueblo, o como dirían los iusprivatistas, por el actuar de un “buen padre de familia”. Para mí el secreto está en ahorrar y no gastar nunca más de lo que ganas, y, cuando necesitas comprar algo, ahorrar más para que, al ir por lo que quieres adquirir, puedas llevar el dinero por delante.
Claro que esta forma de guiar la economía personal, según los modernos que han hecho varios Masters en la universidad de Harvard, es rancia y anticuada. Por eso, ellos nos ofrecen estupendos productos financieros (sic) para garantizarnos una idílica vejez, fondos donde lo que vale uno se convierte en siete y artificios para que lo que cuesta diez nos salga por cinco o poder pagarlo como si así fuese (sic).
Pero desde la cultura económica de un hombre de pueblo tengo para mí que todo esto es una inmensa tomadura de pelo. Nos excitan la ambición y cuando estamos maduritos nos ofrecen duros a cuatro pesetas; caemos en la trampa y lo que realmente estamos haciendo es contribuir a crear grandes monstruos de capital que, como inmensas bolas de nieve, ruedan por el mundo de la economía especulativa poniendo en jaque a las economías productivas.
Durante años esos grandes fondos y esas grandes reservas de dinero que entre todos hemos creado y puesto en manos de muy pocos han servido para que la vivienda subiera un día sí y al otro también, pero el doble. Ahora que se han percatado de que ese sector empieza a dar señales de agotamiento, ¡pues nada!, nos vamos con nuestro dinero a otro sitio ¿Dónde? Me huele, con mi cultura económica de pueblo, que la subida de los alimentos de primera necesidad, las materias primas y los combustibles tiene mucho que ver con ese traslado del dinerito juguetón. Es más, tengo para mí que esa inversión a medio y largo plazo es la consecuencia de las subidas, más que la escasez de esos productos. Tenemos el petróleo a ciento treinta y nueve dólares porque algunos están invirtiendo en opciones de compra de ese producto para, dentro de unos meses, vender consiguiendo un buen beneficio. De esa forma, ¡espere y verán!, recalientan la economía, generan nuevos sectores de oportunidad de negocio con más rentabilidad (v.gr. nuevas energías o aumento de la producción agrícola) y, llegado el día, los que están calentando los sectores de las energías tradicionales y los alimentos se dan el piro a los sectores de nueva oportunidad (eso sí, previamente habiendo hecho caja…y volveremos a ver el petróleo a dieciocho dólares). ¡Al tiempo! Claro que mientras tanto, ¿cuántos de los que se han dejado embaucar por esos artificios que los modernos de Harvard les han mostrado como el Santo Grial para su vida feliz y llena de abundancia se habrán quedado por el camino?

1 comentario:

Alberto Armada dijo...

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